"Me parecía que el agua, el cielo, las nubes, los árboles, tenían conciencia de la dicha que me proporcionaban. No tenía ninguna idea preconcebida. Ser pintor no es un profesión, como no lo es ser anarquista, amante, corredor, soñador o aficionado al boxeo. Es un capricho de la naturaleza."

MAURICE DE VLAMINCK (1929)

viernes, 14 de enero de 2011

EL HIMNO GIGANTE Y EXTRAÑO

SOBRE LA ESENCIA DE LA ESCRITURA

Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

RIMA I
Gustavo Adolfo Bécquer



Recuerdo, de niño (y aún ahora), cómo iba descubriendo las palabras, asombrosas, extrañas, bellas, distantes, frías, peligrosas. Recuerdo cómo me resultaba igual el proceso de descubrir un nuevo rincón en el campo que el de descubrir una palabra nueva. A veces, no asociaba a la palabra, ese cúmulo aleatorio de letras, una realidad, si no que simplemente representaba una musicalidad, un tono, una melodía que tararear de modo informal. Deconocía el contexto, el tabú, las connotaciones. Mi uso de las palabras estaba transido por la libertad de la ignorancia, por el automatismo del instinto. Era el lenguaje desatado, inasible, sin cadenas, que emergía a mi boca sin el pensamiento recalcitrante y castrante.
Así pues, no era un hijo de Babel, libre y aleatorio, valorando la palabra por su cualidad física. Aún no había sido maldecido a la adolescencia por la divinidad (llamada tiempo), a encadenar cada una de esas palabras a la horrible necesidad del significado. Por tanto, "mesa" dejaba de tener esa armonía musical para convertirse en algo monótono; "tenedor" se despojaba de su arquitectura y complejidad morfológica, para convertirse en algo instrumental y carente de trascendencia; "madre" dejaba de ser un hogar (si alguna vez lo fue), una llamada de socorro, para convertirse en un ser de carne y hueso, muy diferente a mi yo, atravesado por los horribles aquí y ahora. Me engañaba dándome por más listo y maduro, descubriendo nuevas dimensiones en palabras que había desterrado en mi ludismo infantil, como "mariposa", "libro" o "amor".
Los poetas y escritores son seres también atados a Babel, a la rebeldía contra la autoridad que les obliga a la multiplicación de las lenguas. Buscan ese lenguaje primitivo, esa aleatoriedad en la palabra, para descubrir de nuevo el mundo. Los mejores escritores, los escritores de la duda, no usan la palabra para describir, si no para descubrir. Como el niño que se interna en un paisaje nuevo. Armados de la imaginación y de la abstracción, buscan ese "himno gigante y extraño". Pronto se darán cuenta de que su empresa está destinada al fracaso, y que de ese himno no quedan más que "cadencias que el aire dilata en las sombras".

Así que revisten sus poemas, sus cartas, sus novelas o sus cuentos de la eterna y conocida literatura de amor. Su incapacidad, su frustación se ve directamente engrandecida por su uso del erotismo. Como el Cantar de los cantares, el poeta busca lo intocable, lo incomprensible, en un de carne y hueso. Un tú de sexo opuesto, con el que se sumerge en los infinitos escarceos de la seducción, contradictorios, melancólicos. Ese ser, esa "amada", lo abarca todo: el horizonte, el azul del mar y del cielo, el aire, las nubes, los cambios climáticos... La amada es la naturaleza.

Poesía=Tú=Poesía

Bajo la apelación al sujeto amado, todos los escritores hemos invocado a la poesía pura, al ideal imperecedero de la belleza. Y nos quedamos, como se quedaron Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Lorca, Miguel Hernández, Neruda, con el rastro en la mano, el polvillo que deja la mariposa que apenas hemos conseguido apresar en nuestras bruscas palmas. Y yo me pregunto: ¿no será la amada eso que buscamos? La amada (o el amado) también tiene esos elementos de los que goza la poesía, pero la ventaja es que se encarnan en alguien tangible. La poesía o la escritura es una simple huella, un olor a jazmín que no puede abarcar el abismo. No existe el "himno gigante y extraño" si no en nosotros. Hagamos poesía entre nuestros semejantes.


El arte de Vanguardia intentó conseguir ese lenguaje universal, uniendo rebeldía con el pasado , en un impasse de creativad renacentista. El cubismo, el surrealismo, el expresionismo, el dadaísmo, entre otros, no son más que ensayos, caminos trazados hacia la doma del lenguaje que precedía a los esclavos de Babel. El cine, arte heredero de esos ensayos pero rebelde contra toda dialéctica vanguardista (pues se cierne en las aguas de la concrección romántica), tuvo muchas oportunidades de convertirse en un lenguaje universal. Hubo películas de cine mudo (como Metrópolis, El último, Amanecer, Avaricia o el cine de Chaplin) que apenas necesitaban ya los intertítulos dramáticos que explicaban diálogos y acciones. Un español, un ruso y un americano entendían perfectamente las historias de Chaplin. Luego, llegó el sonido, y todos volvimos a estar esclavizados por Babel, por los subtítulos y por el doblaje.

Muchas veces, el cine intenta ser poesía. Y si no, mirad lo que se avecina para este año:



Quiero que os fijéis en las imágenes, y que desechéis que es un tráiler y que está vendiendo un producto. Las imágenes que muestran son imágenes desnudas.

Esa es la función del escritor. Desnudar. Descubrir.


4 comentarios:

Fer dijo...

Os poneis todos tan blogmelancolicos ultimamente...

Lázaro dijo...

Precioso amigo poeta. Tengo mucho que pensar sobre ello y mucho

Todo esto ahora solo lo puedo llamar poesía, tus palabras, las imágenes seleccionadas, el video… ya hablaremos mas por q no se q escribirte, tengo muchas cosas en la cabeza…

esta semana estaba tratando de entender a Pedro salinas en “la voz a ti debida”, y creo q has dado muy cerca en lo q buscaba…cómo me gustaría sentirla y “no analizarla” con alguien, un amigo
y además tengo un nuevo regalo para ti… ya hablaremos… :D
…………………………………………………………………….gracias

kiki dijo...

Jo, pues yo no creo que los poetas fracasen. Me encanta la idea inicial y creo que es exactamente su naturaleza, pero no fracasan mientras escriben o leen :)

NACHO dijo...

Ummm, siento no estar de acuerdo, pero creo que todo lenguaje en su materialización (escrito u oral) es un contrato con la frustación, una confirmación de que no se llega a la expresión completa. El poeta es un ser frustrado, pero ¡bendita frustración!

De esa incapacidad ha nacido la literatura. Es imposible abarcar todo lo que hay en el cerebro (datazo acientífico y que me marco aquí sin fuentes, usando únicamente mi experiencia limitada), ni aún con la escritura experimental o automática.

Eso creo yo.